El fundador, guitarrista, violinista, cantante y principal compositor de Vox Dei falleció este viernes 2 de octubre, a los 76 años. Detrás de canciones como “Presente” y de una obra monumental como La Biblia, queda la historia de un músico que ayudó a darle identidad al rock argentino.
Ricardo Soulé murió hoy viernes 2 de octubre. Tenía 76 años. Con su partida desaparece uno de los nombres esenciales de aquella generación que, a fines de los años sesenta, empezó a construir en la Argentina una música propia, sin pedir permiso, sin copiar fórmulas y con la convicción de que el rock también podía ser un territorio para la poesía, la espiritualidad y la reflexión.
La noticia vuelve a poner en primer plano una obra que hace más de medio siglo forma parte de la memoria musical argentina: la de Vox Dei. Y también la de un hombre cuya trayectoria estuvo atravesada por una curiosa dualidad. Antes de convertirse en uno de los compositores más reconocibles del rock nacional, Soulé había intentado otro destino: fue arquero de Quilmes, llegó a jugar en la Reserva y hasta compartió entrenamientos con un joven Ubaldo Matildo Fillol. Finalmente, a los 17 años, abandonó los guantes y eligió la guitarra.
El fútbol quedó entonces como una pasión paralela y la música pasó a ocupar el centro de su vida. El cambio no fue menor. Aquella guitarra terminaría conduciéndolo hacia Vox Dei y, con ella, hacia algunas de las páginas más importantes de la historia del rock argentino.
Soulé fue uno de los fundadores de Vox Dei y su principal compositor. Junto a Willy Quiroga, Rubén Basoalto y Juan Carlos “Yodi” Godoy, participó de la construcción de una banda que surgió en el sur del Gran Buenos Aires y que muy pronto consiguió algo que parecía difícil en aquellos primeros años: desarrollar una identidad propia.
El grupo no tardaría en dejar de ser simplemente una banda de jóvenes que tocaban rock. Había allí una ambición artística mucho mayor. Soulé entendía la canción como una forma de expresión capaz de abordar asuntos que no eran habituales en el rock de aquellos años. Y esa concepción alcanzaría su punto máximo con La Biblia.
La obra que cambió todo
Hablar de Ricardo Soulé implica necesariamente hablar de La Biblia, una de las obras fundamentales del rock argentino. Publicado originalmente en 1971, el álbum fue concebido como una obra conceptual basada en textos bíblicos y se convirtió en un acontecimiento artístico de una dimensión que excedió largamente a Vox Dei.
La idea había nacido de Soulé y encontró en sus compañeros y en el equipo que rodeaba a la banda el espacio necesario para transformarse en realidad. El proyecto exigió un enorme trabajo para la época, con más de 150 horas de grabación y la participación de músicos y arreglistas que ampliaron las posibilidades sonoras del grupo.
La Argentina de comienzos de los ‘setenta ’70 no era precisamente un lugar sencillo para semejante aventura. Sin embargo, La Biblia consiguió atravesar las prevenciones y convertirse en una obra perdurable. La relación con la Iglesia fue incluso diferente de lo que podría suponerse: la banda presentó el material ante autoridades eclesiásticas y obtuvo su aprobación.
Soulé no entendía aquella obra como una provocación gratuita. Para él, la dimensión religiosa formaba parte de una búsqueda artística y humana. Su música podía hablar de Dios, de la eternidad, del amor y de la existencia sin dejar de ser rock.
Con el paso de las décadas, La Biblia dejó de ser solamente un disco histórico para transformarse en una referencia ineludible de la música argentina. Su influencia atravesó generaciones y permitió que aquella obra concebida en otro tiempo continuara siendo escuchada, discutida y reinterpretada mucho después de su aparición.
“Presente”, una canción para varias generaciones
Pero reducir a Ricardo Soulé a La Biblia sería injusto. Antes, durante y después de Vox Dei, su producción estuvo marcada por una sensibilidad particular para la composición.
Entre todas sus canciones existe una que terminó adquiriendo una dimensión casi independiente de su propio autor: “Presente (El momento en que estás)”.
Soulé la compuso cuando tenía apenas 17 años. La canción nació a partir de una experiencia personal y terminó convirtiéndose en una reflexión sobre el paso del tiempo, la fugacidad de las cosas y la imposibilidad de retener aquello que inevitablemente cambia.
“Presente” apareció en Caliente, el álbum debut de Vox Dei editado en 1970 por Mandioca, y rápidamente comenzó a recorrer un camino propio. Su melodía, su sencillez y una letra que hablaba de algo tan universal como el final de una relación hicieron que distintas generaciones pudieran reconocerse en ella.
La canción terminó convertida en uno de los grandes clásicos del rock argentino. No necesitó artificios. No necesitó una producción desmesurada. Su fuerza estaba en otra parte: en esa capacidad de decir algo aparentemente sencillo y conseguir que, décadas después, siguiera significando algo para quien la escuchara por primera vez.
Y quizá haya allí una paradoja especialmente poderosa frente a la muerte de su autor. Soulé escribió sobre lo efímero, sobre aquello que termina, sobre la imposibilidad de que las cosas permanezcan para siempre. Ahora es su propia obra la que queda cuando él ya no está.
Un músico sin personaje
Quienes conocieron a Soulé destacaron muchas veces una característica que lo diferenciaba de buena parte de los estereotipos asociados al rock: no necesitaba construir un personaje.
Él mismo se encargó de marcar esa distancia. En una entrevista recordó que la famosa asociación entre sexo, drogas y rock and roll no representaba la identidad de Vox Dei, cuya búsqueda estaba vinculada con otras palabras: vida, verdad, amor y Dios.
Esa postura no significaba ausencia de rebeldía. Por el contrario, la rebeldía de Soulé podía aparecer precisamente en la decisión de hacer algo diferente. En lugar de limitarse a repetir los códigos de moda, buscó ampliar las fronteras de aquello que podía ser una canción de rock.
Esa búsqueda lo llevó también hacia otras obras y otros proyectos. Después de La Biblia continuó desarrollando una producción marcada por la literatura, la historia y la espiritualidad. Entre sus trabajos mencionó Romances de gesta, inspirado en El Cid Campeador, y Elías, el profeta.
Su carrera también tuvo períodos en Europa, especialmente en España, donde continuó trabajando y grabando. Su producción solista convivió durante años con el peso inevitable de Vox Dei, una banda cuya historia estuvo marcada por encuentros, separaciones y reencuentros.
El hombre detrás del mito
Hay algo particularmente interesante en la historia de Ricardo Soulé: nunca pareció demasiado interesado en separar al artista del hombre.
Era el músico que había jugado al fútbol en Quilmes. El compositor que podía hablar durante horas de música. El hombre profundamente creyente que había decidido convertir textos bíblicos en una obra de rock. El guitarrista y violinista que podía moverse entre diferentes lenguajes musicales. Y también el autor de una canción que, nacida de una experiencia adolescente, terminó acompañando a millones de personas.
En septiembre, apenas unas semanas antes de su muerte, Soulé había comunicado públicamente que se alejaba temporalmente de los escenarios debido a un problema de salud. Pidió privacidad y expresó su esperanza de volver a presentarse. También agradeció a quienes habían acompañado su música durante 59 años. Finalmente, ese regreso no ocurrirá.
Este viernes, sus familiares comunicaron su muerte. La noticia encontró al rock argentino nuevamente frente a una de esas pérdidas que no se pueden medir solamente por la cantidad de discos grabados o de canciones conocidas. Porque Ricardo Soulé perteneció a una generación que no solamente hizo canciones: ayudó a inventar un lenguaje.
Cuando el presente se convierte en memoria
Vox Dei forma parte de la primera línea de la historia del rock argentino. Y Ricardo Soulé ocupa dentro de esa historia un lugar imposible de separar de la identidad de la banda.
Fue compositor, cantante, guitarrista, violinista, fundador y principal impulsor creativo de una obra que consiguió atravesar más de cinco décadas. La Biblia permanece como uno de los grandes monumentos de la música argentina. “Presente” continúa siendo cantada por quienes conocieron a Vox Dei desde sus comienzos y por quienes nacieron muchos años después. Esa es, en definitiva, la particular forma que tiene la música de vencer al tiempo.
Ricardo Soulé murió a los 76 años, pero sus canciones no pertenecen ya solamente a su historia personal. Son parte de la historia colectiva de varias generaciones de argentinos. Están en los discos, en los recuerdos, en las guitarras que aprendieron sus primeros acordes escuchándolo y en las voces de quienes alguna vez encontraron en una canción una manera de decir aquello que no podían explicar de otra forma.
El hombre que alguna vez defendió el arco de Quilmes terminó encontrando otro lugar desde donde dejar su marca. Cambió los guantes por una guitarra y, desde allí, construyó una obra que sobrevivirá a su ausencia.
Porque el presente, como él mismo escribió hace tantos años, es fugaz. La música, en cambio, tiene otra manera de quedarse.



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