Jeff Feuerzeig tenía 21 años cuando vio a Def Leppard en Asbury Park. Era el verano de 1981 y la banda todavía no era famosa. Había llegado a Estados Unidos para abrir los conciertos de Ozzy Osbourne durante la primera gira de Blizzard Of Ozz. Feuerzeig la había descubierto poco antes leyendo Creem. La vio tocar y quedó convertido en fan.
Cuarenta y cinco años después, ese mismo espectador es el director de Long Live Def Leppard, el primer documental de largometraje autorizado por la banda.
La película fue adquirida para su distribución en Norteamérica por Crosswalk, la división de cine-evento de Bleecker Street, y llegará a los cines a comienzos de 2027. Feuerzeig también participa como productor, junto con Alice Rhodes y Sam Bridger, de Vice Studios; Nicholas Ferrall y Jeanne Elfant Festa, de White Horse Pictures; Danny Gabai, de The Searchers Documentary Films; y Brian T. Nugent, de Sobey Road Entertainment.
El material fue producido en colaboración con Def Leppard y contará con imágenes nunca antes vistas y acceso a sus integrantes.
La historia que Feuerzeig encontró aquella noche en Asbury Park había empezado bastante antes, en Sheffield. De allí surgieron aquellos jóvenes que, según recuerda el director, provenían de una ciudad de clase trabajadora y estaban intentando jugar en una liga que todavía les quedaba grande.
Después llegarían Pyromania y Hysteria y la dimensión internacional de la banda. También llegarían los golpes.
Rick Allen perdió un brazo en un accidente. Steve Clark murió. Son dos acontecimientos que aparecen en la descripción del documental como capítulos decisivos de la trayectoria de Def Leppard. La banda se reconstruyó y siguió adelante. Lo hizo durante décadas.
Más de 110 millones de álbumes vendidos en todo el mundo, dos certificaciones de diamante en Estados Unidos y una incorporación al Rock And Roll Hall Of Fame forman parte del balance de una carrera que todavía no terminó. Def Leppard continúa actuando en estadios y arenas y acaba de completar una residencia con entradas agotadas en el Caesars Palace de Las Vegas. Por eso el título elegido para la película no está construido alrededor de un recuerdo: Long Live Def Leppard.
Feuerzeig describe lo que está llevando al cine como una historia de jóvenes de Sheffield que estaban dispuestos a jugarse todo y que construyeron una trayectoria atravesada por acontecimientos que podrían haber terminado con cualquier banda. Y rechaza deliberadamente la fórmula habitual con la que suele contarse la historia del rock: para él, esta no es otra película de sexo, drogas y rock and roll.
Hay algo particularmente extraño en la historia de su director. En 1981 estaba del otro lado del escenario, mirando a una banda que todavía estaba tratando de abrirse paso. En 2027 estará en las salas de cine contando qué ocurrió desde entonces.
Entre ambas fechas quedaron Pyromania, Hysteria, el accidente de Rick Allen, la muerte de Steve Clark, millones de discos vendidos, escenarios de todo el mundo y una banda que, después de más de cuatro décadas, todavía puede llenar un estadio. Ahora esa historia tiene película. Y la cuenta alguien que estuvo allí cuando todavía no había demasiado para contar.



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