Oscar “El Negro” González Oro murió hoy, a los 74 años, en Punta del Este, Uruguay. La noticia puso nuevamente en primer plano a una de las voces más reconocibles de la radio argentina de las últimas décadas.
Durante años fue protagonista de las mañanas radiales. “El oro y el moro”, en Radio 10, llegó a convertirse en uno de los programas más escuchados de la radio argentina y construyó alrededor de su conductor una relación particularmente intensa con la audiencia. González Oro sabía manejar los tiempos, la conversación, la polémica y, sobre todo, esa particular capacidad de hacerle sentir al oyente que estaba hablando directamente con él.
Pero una trayectoria extensa no es necesariamente una trayectoria sin contradicciones. Y quizás allí esté la manera más honesta de despedirlo.
González Oro fue un hombre de fuertes opiniones, muchas veces expresadas sin demasiados filtros. En 2005 protagonizó una fuerte polémica por expresiones discriminatorias hacia la comunidad boliviana, que incluso derivaron en denuncias ante organismos oficiales y en una presentación judicial. El episodio forma parte también de su historia pública y no debería desaparecer simplemente porque hoy estamos frente a una noticia dolorosa: su muerte.
Años después apareció otra dimensión de su vida que durante mucho tiempo había permanecido en privado. En 2016 hizo pública su homosexualidad y posteriormente contó que fueron sus hijos quienes, según sus propias palabras, “rompieron la puerta del placard”. Aquello significó para él un proceso de aceptación personal que llegó después de décadas de vida pública. Esa historia permite pensar también en las contradicciones de una época.
Un hombre que durante buena parte de su vida había construido una determinada imagen pública terminó teniendo que enfrentarse a su propia intimidad, a sus prejuicios, a sus silencios y a las transformaciones de una sociedad que también estaba cambiando. Por eso resulta difícil reducir a González Oro a una sola definición.
Fue exitoso. Fue popular. Fue escuchado por millones. Tuvo una enorme influencia en la radio. Pero también fue polémico, tuvo expresiones discriminatorias y sostuvo posiciones que generaron rechazo. Fue capaz de mostrarse cercano y, al mismo tiempo, de exhibir una dureza que muchas veces dejaba poco espacio para la empatía. Y eso también forma parte de una trayectoria.
La muerte suele producir una tentación: convertir automáticamente al muerto en una buena persona, borrar las discusiones y transformar cualquier recorrido en una colección de virtudes. Pero recordar no debería significar idealizar.
Tampoco se trata de negar sus méritos profesionales. González Oro fue, indiscutiblemente, una figura importante de la radio argentina. Después de 35 años de carrera llegó a retirarse de los medios en 2021 dejando detrás una historia profesional extensa y una marca reconocible en la radio. Se trata, simplemente, de aceptar que una persona puede ser muchas cosas al mismo tiempo.
Puede haber construido una carrera extraordinaria y haber cometido errores graves. Puede haber acompañado a millones de oyentes y haber pronunciado palabras hirientes. Puede haber defendido determinadas convicciones y, años después, haber tenido que revisar aspectos profundos de su propia vida. Quizás esa sea la mejor manera de despedir al “Negro” González Oro: sin santificarlo y sin demonizarlo.
Con respeto por su muerte. Con reconocimiento por aquello que construyó. Y también con memoria sobre aquello que dijo e hizo. Porque una vida pública no está hecha solamente de éxitos. También está hecha de contradicciones, cambios, errores, silencios y decisiones. Y todo eso, para bien o para mal, también forma parte de la historia.



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