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Saúl González: volver a la música sin volver al pasado

Saúl González: volver a la música sin volver al pasado
Delta 80
05/10/2026

Después de casi dos décadas alejado de la música, atravesando años de trabajo, empresas, familia y responsabilidades que lo llevaron por un camino diferente, el músico mexicano Saúl González decidió volver a aquello que alguna vez había dejado pendiente. Pero no lo hace desde la nostalgia ni con la intención de reconstruir al artista que fue.

Su regreso tiene algo de reencuentro, pero también mucho de comienzo. Con “Traición” primero y ahora con “El Juego”, segundo single de 1995, González vuelve a poner en circulación una propuesta ligada al rock en español y a los sonidos alternativos, mientras amplía su llegada hacia distintos públicos de Latinoamérica.

Hay una idea que atraviesa toda esta conversación: la identidad. La de un músico que no quiere que los números, los algoritmos o las exigencias de la industria terminen definiendo sus canciones; la de un productor que busca preservar un lenguaje propio; y, sobre todo, la de alguien que entiende que volver no significa regresar al punto donde alguna vez se detuvo.

Saúl González habla de música, pero también habla del tiempo, de las decisiones, de lo que cambia una vida cuando uno deja de hacer aquello que alguna vez creyó imprescindible. Y quizás ahí esté lo más interesante de este regreso: no intenta demostrar que todavía puede hacerlo. Quiere descubrir qué puede hacer ahora.

Antes que nada, muchas gracias a ustedes por el espacio y por interesarse en mi música y en la historia detrás de ella.

(Delta 80) Saúl González no apareció ayer: hay una historia detrás del nombre, de las canciones y de las decisiones que te llevaron hasta acá. Si tuvieras que volver al comienzo, ¿qué fue lo que realmente te empujó a dedicarte a la música y qué parte de aquel Saúl todavía reconocés en el artista que sos hoy?

(Saul González) La música empezó para mí hace muchos años. Desde joven encontré en ella una manera de expresar cosas que muchas veces no sabía cómo decir de otra forma. Escribía canciones porque era mi manera de entender lo que estaba viviendo y convertirlo en algo. Después la vida me llevó por otros caminos. Vinieron la familia, el trabajo, las empresas, las responsabilidades, y durante muchos años esa parte de mí quedó en segundo plano. Pero nunca desapareció. Cuando regresé no sentí que estuviera empezando algo nuevo; sentí que estaba retomando una conversación que había dejado pendiente conmigo mismo. Del Saúl de aquellos años todavía reconozco la necesidad de escribir desde lo que realmente siento, cierta inconformidad y esa obsesión por crear algo con identidad propia. La diferencia es que hoy tengo muchas más historias que contar y mucha menos necesidad de demostrar algo. El Saúl de antes soñaba con hacer música. El de hoy decidió dejar de posponerlo.

(D80) En toda carrera hay momentos que desde afuera parecen éxitos, fracasos, pausas o simplemente decisiones, pero que desde adentro tienen otra explicación. ¿Cuál fue el momento de tu trayectoria que más te cambió como músico y como persona?

(SG) Probablemente alejarme de la música. En su momento podría haberse interpretado como abandonar algo, pero hoy veo que esos años fueron los que terminaron dándome gran parte de lo que tengo para escribir. Viví otras cosas. Construí empresas, formé una familia, tuve responsabilidades, aciertos, errores, pérdidas, relaciones que cambiaron y experiencias que a los veinte años simplemente no tenía. Paradójicamente, dejar de hacer música terminó cambiando la música que hago hoy. Ya no escribo imaginando cómo se supone que debería sentirse algo. Escribo desde cosas que ya viví.

(D80) Estuviste más de 15 años alejado de la música. En una industria que parece exigir presencia permanente, desaparecer durante tanto tiempo es casi una declaración de principios. ¿Fue una elección, una necesidad o la vida simplemente te llevó por otro camino?

(SG) Fue la vida. No hubo un día en el que dijera: “hasta aquí llegó la música”. Simplemente otras responsabilidades comenzaron a ocupar cada vez más espacio hasta que un día habían pasado muchos años. Construí una vida completamente fuera de la industria musical. Y curiosamente creo que eso hoy juega a mi favor. Regresé porque realmente quería hacerlo, no porque necesitara mantener una carrera, cumplir un contrato o sostener una imagen. No sé si hubiera escrito las canciones que estoy escribiendo ahora si hubiera pasado todos esos años dentro de la industria.

(D80) Volver después de tantos años implica enfrentarse también con el músico que uno fue. ¿Tuviste que reconciliarte con aquel Saúl González para poder volver, o sentís que directamente nació otro artista?

(SG) Creo que son las dos cosas. Tuve que aceptar al músico que fui, incluso sus limitaciones, pero no quería intentar reconstruirlo. Musicalmente sigo teniendo muchas de las mismas referencias y la misma sensibilidad. Todavía están ahí el rock en español, el alternativo, los sintetizadores, las guitarras y esa oscuridad que siempre me ha atraído. Pero personalmente soy otro hombre. Por eso no quiero hacer nostalgia. Quiero tomar lo que quedó de aquel Saúl y ponerlo dentro de la persona que soy hoy. No estoy intentando regresar a donde me quedé. Estoy intentando descubrir hasta dónde puedo llegar desde aquí.

(D80) «1995» no parece ser solamente un título: hay una época, una sensibilidad y una manera de entender la música detrás de ese nombre. ¿Qué tenía aquel mundo musical que sentís que hoy se perdió y qué cosas, en cambio, preferís dejar definitivamente en el pasado?

(SG) «1995» representa mucho más que un año para mí. Representa una sensibilidad. Había algo especial en la manera de descubrir música. Escuchabas un disco completo, convivías con él, descubrías canciones poco a poco. Los artistas podían tener misterio. No necesitabas saber qué estaban desayunando todos los días para sentir una conexión con ellos. Creo que hoy tenemos herramientas extraordinarias para producir, distribuir y encontrar audiencia sin pedir permiso a demasiada gente. Eso es algo que no cambiaría. Lo que sí extraño es la paciencia. Hoy una canción muchas veces tiene unos segundos para convencer a alguien antes de que deslice el dedo hacia la siguiente. De aquella época me quedo con la intención de hacer canciones que puedan acompañarte durante años. Lo que dejaría atrás es la idea de que necesitás una gran compañía o determinados intermediarios para que alguien pueda escucharte.

(D80) Después de “Traición”, ahora llega “El Juego”, un tema que además abre esta nueva etapa hacia buena parte de Latinoamérica. ¿Qué hay detrás de “El Juego” que no se puede descubrir simplemente escuchando la canción?

(SG) «El Juego» habla de esas dinámicas entre dos personas donde llega un momento en que ya no sabés cuánto es sentimiento y cuánto es orgullo, control, miedo o necesidad. Hay relaciones en las que nadie dice claramente cuáles son las reglas, pero los dos terminan jugando. Lo que quizá no se escucha inmediatamente en la canción es que para mí también representa algo personal: volver a exponerme. Después de tantos años fuera, sacar música otra vez, subir a un escenario y permitir que desconocidos decidan si conectan o no con lo que hago también es entrar nuevamente al juego. La diferencia es que ahora conozco mucho mejor quién soy.

(D80) Hay una diferencia entre hacer una canción para contar algo y hacer una canción para que funcione. En este regreso, ¿qué lugar ocupa la necesidad de decir algo frente a las exigencias de una industria que permanentemente pide canciones, singles y números?

(SG) Primero tiene que existir la canción. Soy consciente de los números. Los observo, los estudio y me interesa entender qué está conectando con la gente. Sería absurdo decir que no importan. Pero hay una diferencia entre utilizar los datos para entender a tu audiencia y permitir que los datos decidan quién sos. Si empiezo una canción pensando solamente en el algoritmo, probablemente deje de hacer las canciones por las que regresé. Prefiero que una canción conecte profundamente con mil personas a fabricar algo que consiga atención durante quince segundos y después no signifique nada para nadie. Mi objetivo es encontrar un punto donde identidad y crecimiento puedan convivir.

(D80) Sos cantautor, pero también productor y músico involucrado en distintas etapas de la grabación. ¿Ese control sobre el proceso nace de una búsqueda artística o también de la desconfianza hacia quienes podrían terminar transformando una canción en algo que ya no te representa?

(SG) Más que desconfianza, es identidad. Me gusta colaborar y necesito músicos y productores que aporten cosas que yo no tengo. De hecho, algunas de las mejores decisiones aparecen cuando alguien escucha algo diferente a lo que yo imaginaba. Pero necesito reconocer la canción cuando terminamos. Tengo bastante claro qué atmósfera busco, qué lugar deben ocupar las guitarras, los sintetizadores, la voz, incluso los espacios y los silencios. No necesito controlar cada nota, pero sí necesito proteger el lenguaje del proyecto. Para mí producir no significa decirle a todos exactamente qué tienen que hacer. Significa saber cuándo algo pertenece al universo de Saúl González y cuándo, aunque técnicamente sea bueno, ya nos llevó a otro lugar.

(D80) “El Juego” llega ahora a buena parte de Latinoamérica. Después de tantos años fuera del circuito, ¿qué te interesa más de este nuevo contacto con el público: recuperar el lugar que alguna vez tuviste o comprobar si las canciones todavía pueden encontrar a alguien que no sabe absolutamente nada de tu historia?

(SG) Definitivamente lo segundo. No estoy intentando recuperar un lugar porque siento que el lugar que quiero ocupar ahora todavía no existe. Me interesa muchísimo más que alguien en Chile, Colombia, Argentina, Perú o México escuche una canción sin saber mi edad, de dónde vengo, qué hice durante estos años o cuánto tiempo estuve fuera y simplemente diga: “esto me hizo sentir algo”. Eso sería una validación mucho más poderosa. Mi historia puede explicar las canciones, pero nunca debería ser necesaria para disfrutarlas. Quiero que la música pueda defenderse sola.

(D80) Y una última, quizás incómoda: después de haber vivido el éxito, el silencio, la distancia y ahora este regreso, ¿qué tendría que pasar para que dentro de algunos años mires esta etapa y digas “valió la pena volver”?

(SG) Durante mucho tiempo habría contestado esa pregunta hablando de números, escenarios o reconocimiento. Hoy mi respuesta es diferente. Quiero construir una obra. Quiero mirar atrás dentro de algunos años y encontrar canciones que todavía me representen, discos que documenten diferentes etapas de mi vida, conciertos que recuerde y personas en distintos lugares que hicieron alguna canción parte de su propia historia. Claro que tengo ambición. Quiero crecer, tocar en otros países, entrar a festivales y llevar este proyecto mucho más lejos de donde está hoy. No regresé para hacerlo a medias. Pero el verdadero fracaso sería llegar a algún lugar importante y descubrir que para conseguirlo tuve que convertirme en alguien que musicalmente no reconozco. Si dentro de cinco años puedo mirar lo que construí y decir: “esto sigue siendo mío”, entonces habrá valido la pena.

(D80) Delta 80 es un medio 100% independiente sin lazos ni compromisos con nadie más que la libertad, la coherencia y el arte que no tiene vínculos económicos lo cual lo hace libre para poder decir lo que le parece cuando le parece y donde le parece y si se equivoca y tiene que pedir disculpas lo hace sin ningún problema. Siempre que entrevistamos a un artista le damos la posibilidad de expresarse libremente sin la atadura que representa una pregunta. Te agradecemos que nos hayas atendido y te pedimos, si querés, que expreses lo que quieras expresar a los oyentes/lectores y al público en general.

(SG) Primero quiero agradecer a Delta 80 por abrir este espacio, especialmente porque los medios independientes siguen siendo fundamentales para quienes hacemos música fuera de las estructuras tradicionales. Y a quien esté leyendo o escuchando esto le diría algo muy sencillo. Durante muchos años pensé que algunas etapas de la vida tenían una fecha de vencimiento. Que si dejabas pasar determinada oportunidad, probablemente ya había quedado atrás. Hoy estoy descubriendo exactamente lo contrario. Regresé a la música después de tantos años, después de casi dos décadas alejado. Estoy formando una banda otra vez, grabando canciones, aprendiendo una industria completamente diferente, tocando frente a gente que nunca me había escuchado y llevando mi música hacia otros países. No sé exactamente dónde termina esta historia. Y quizás eso es precisamente lo que más me interesa. No estoy intentando recuperar mi juventud ni demostrar que todavía puedo hacerlo. Estoy intentando descubrir qué sucede cuando dejás de preguntarte si ya es demasiado tarde y simplemente comienzas. Nos vemos en el camino…

La historia de Saúl González no termina en el regreso. En cierto modo, recién empieza una nueva etapa. Después de tantos años fuera de la música, podría haber elegido volver mirando permanentemente hacia atrás, intentando recuperar un sonido, una época o un lugar que alguna vez ocupó. Sin embargo, su discurso va en otra dirección. «1995» no parece plantearse como una reconstrucción del pasado, sino como una forma de poner ese pasado en diálogo con el hombre que es hoy.

También hay una decisión artística detrás de ese regreso: hacer canciones que puedan sobrevivir al impacto inmediato, construir una obra antes que perseguir solamente resultados. En una época en la que buena parte de la música parece condicionada por la velocidad, los algoritmos y la necesidad de capturar atención en pocos segundos, González reivindica algo bastante menos urgente: la posibilidad de que una canción permanezca.

“El Juego” funciona, en ese sentido, como algo más que un nuevo single. Es también una declaración de principios de un artista que vuelve a exponerse después de muchos años y que acepta nuevamente la incertidumbre de no saber quién estará del otro lado escuchando.

Quizás por eso su frase final sea también la mejor manera de cerrar esta entrevista. No se trata de recuperar la juventud, ni de demostrar que no pasó el tiempo. Se trata de dejar de preguntarse si alguna oportunidad ya pasó y animarse a empezar.

Porque algunas historias no llegan tarde. Simplemente empiezan cuando uno finalmente decide escribirlas.

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