El miércoles 26 de agosto, Plaza de Mayo volvió a ser escenario de una de esas imágenes que explican por qué el rock argentino nunca pudo ser entendido solamente como entretenimiento.
En el marco de la movilización de los trabajadores de FATE y del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA), Horcas se presentó en vivo frente a una multitud que llegó hasta el corazón político de Buenos Aires para reclamar por la continuidad de los puestos de trabajo y la reapertura de la planta.
La jornada tuvo como eje el conflicto que atraviesa FATE, cuya actividad permanece paralizada desde hace seis meses. Bajo la consigna “¡FATE no se cierra!”, los trabajadores reclamaron contra el lockout y por la puesta en marcha nuevamente de la fábrica.
Y allí apareció Horcas.
La banda, uno de los nombres fundamentales de la historia del heavy metal argentino, llevó sus guitarras, su potencia y su identidad a un lugar cargado de significado. No había una entrada que pagar ni una marquesina anunciando un show: había una plaza, trabajadores movilizados y un escenario levantado en medio de una jornada de protesta.
El metal, una vez más, encontró su lugar fuera de los circuitos habituales.
Heavy metal y calle
La presencia de Horcas junto a Las Manos de Filippi, que también participó del festival, transformó la movilización en una jornada donde la música funcionó como parte de la expresión colectiva de los trabajadores.
Horcas comenzó su presentación alrededor de las 15:30 y abrió el show con “Fuego”.
Puede parecer una escena extraña para quienes imaginan al heavy metal únicamente asociado a estadios, festivales o clubes. Pero para quienes conocen la historia del género en Argentina, la postal resulta bastante menos sorprendente.
Desde sus orígenes, el heavy local construyó una relación particular con la realidad social, con la calle y con los sectores populares. Sus canciones hablaron de marginalidad, injusticia, violencia, explotación, desencanto y resistencia. Y sus seguidores hicieron del recital un espacio de pertenencia donde las diferencias sociales podían quedar, al menos durante unas horas, en segundo plano.
Por eso, ver a Horcas tocando en Plaza de Mayo no constituye solamente una anécdota dentro de su extensa trayectoria. Es también una imagen que conecta al heavy argentino con uno de sus territorios históricos: la calle.
Una plaza, una fábrica y una banda
La jornada tuvo una fuerte presencia sindical y social. Los trabajadores de FATE llegaron acompañados por distintos sectores gremiales y organizaciones que expresaron su respaldo al reclamo. En ese contexto, Horcas ocupó un lugar particular. El heavy metal no solucionaría el conflicto laboral ni reemplazaría la organización de los trabajadores. Pero el escenario permitió que una banda emblemática del género pusiera su música al servicio de una jornada de lucha.
Y eso también forma parte de la historia del rock argentino. Porque hay momentos en los que una guitarra eléctrica deja de ser simplemente una guitarra eléctrica. Se convierte en una forma de acompañar. En un grito. En una manera de decir que determinados problemas no son ajenos a quienes están arriba de un escenario.
Horcas, otra vez en la historia
Horcas lleva décadas escribiendo capítulos de la historia del metal argentino. Desde aquellos primeros años vinculados a Osvaldo Civile hasta su consolidación como una de las bandas fundamentales del género, atravesó generaciones, cambios de formación, escenarios pequeños, grandes festivales y momentos decisivos para el heavy nacional. El miércoles 26 de agosto sumó una nueva postal.
Horcas tocando en Plaza de Mayo, frente a trabajadores que reclamaban por su fuente laboral. Una imagen que probablemente no aparezca entre las fotografías tradicionales de los grandes recitales de la banda, pero que merece ser conservada. Porque la historia del rock también se escribe en lugares inesperados. Y porque, cuando el heavy metal baja del escenario y pisa la calle, la potencia de sus amplificadores puede adquirir otro significado.
Esta vez, el rugido de Horcas acompañó un reclamo que tenía nombre propio: FATE. Y en Plaza de Mayo, durante una tarde de agosto, el metal volvió a demostrar que también puede ser una forma de estar presente.

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