El cantante y compositor, integrante del recordado dúo Juan y Juan, murió a los 82 años. Sus canciones atravesaron generaciones, desde los éxitos populares de los años setenta hasta las telenovelas que hicieron historia en la televisión argentina.
La música popular argentina despide a Juan Marcelo, cantante, compositor y guitarrista que supo construir una identidad propia dentro de la escena musical de nuestro país. Su fallecimiento, confirmado este jueves 29 de octubre, pone fin a una trayectoria artística que dejó canciones reconocibles mucho más allá de la época en la que alcanzaron popularidad.
Nacido en 1944 en la localidad bonaerense de San Martín, bajo el nombre de Enrique Raúl de Jesús, Juan Marcelo encontró uno de los momentos decisivos de su carrera a comienzos de los años setenta, cuando formó junto a Juan Eduardo Carballo el dúo Juan y Juan.
La sociedad musical conquistó al público con canciones que combinaban melodías pegadizas, humor y una inmediata conexión con la vida cotidiana. Temas como “Bailando en una pata”, “Balada para un gordo” y “¿Hola, qué tal?” se instalaron en las radios, los bailes y la televisión, convirtiéndose en parte del paisaje sonoro de una época.
Juan y Juan fue mucho más que un dúo de canciones exitosas. Su propuesta formó parte de un momento de transformación de la música popular, en el que la televisión, la radio y las nuevas expresiones juveniles multiplicaban la llegada de los artistas a públicos cada vez más amplios.
Pero la trayectoria de Juan Marcelo no quedó limitada a aquellos éxitos. También desarrolló una importante labor como compositor e intérprete de canciones vinculadas con la ficción televisiva argentina.
Su trabajo junto al reconocido guionista Alberto Migré dejó una huella especial en Rolando Rivas, taxista, una de las telenovelas emblemáticas de la pantalla nacional. Allí, “Yo te quiero, nos queremos (Vivir enamorados)” acompañó una historia de amor que quedó grabada en el recuerdo de miles de espectadores.
Su música también estuvo presente en otras producciones, como Piel naranja, Amo y señor y El infiel. En esta última, su voz quedó asociada a “Mi libertad, no”, otra muestra de su capacidad para convertir una canción en parte inseparable de una historia.
A lo largo de su carrera, Juan Marcelo transitó distintos espacios de la cultura popular, entre la canción melódica, el espectáculo y la composición para cine y televisión. Después de la etapa de mayor repercusión de Juan y Juan, continuó desarrollando su camino artístico, sin desprenderse de ese vínculo con las melodías que buscan llegar directamente al público.
La noticia de su muerte también tuvo una dimensión íntima. Juan Eduardo Carballo, su compañero de tantas aventuras musicales, lo despidió con palabras que reflejan una historia compartida durante décadas. Su mensaje evocó el camino recorrido juntos y resumió, desde el afecto, la dimensión de una amistad que había nacido mucho antes de que sus canciones se convirtieran en éxitos.
Las canciones que sobreviven al tiempo
Hay artistas cuya obra queda asociada a una época determinada. Otros consiguen algo más: sus canciones siguen apareciendo en la memoria colectiva, vinculadas con momentos de la vida, escenas televisivas, reuniones familiares o recuerdos de juventud.
Juan Marcelo pertenece a esa tradición. Sus canciones forman parte de una Argentina en la que la radio era una compañía cotidiana, la televisión reunía a las familias frente a una misma historia y las melodías populares podían convertirse en la banda sonora de toda una generación.
Su partida invita también a mirar más allá de la noticia y recuperar una obra que merece seguir sonando. Porque la historia de la música no se construye solamente con grandes escenarios o reconocimientos: también se construye con canciones capaces de permanecer en el tiempo y de despertar recuerdos incluso muchos años después de haber sido escuchadas por primera vez.
Desde Delta 80, despedimos a Juan Marcelo recordando su aporte a la música popular argentina y celebrando esas canciones que, una vez incorporadas a la memoria de la gente, dejan de pertenecer exclusivamente a sus intérpretes para convertirse en parte de todos.
La vida termina. Las canciones, cuando forman parte de nuestra historia, encuentran siempre una manera de volver a sonar.



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