Hay personajes que uno recuerda por lo que hicieron. Y hay otros que recuerda por lo que significaron. Ben Jones fue uno de esos.
Murió a los 84 años, pero para varias generaciones será difícil pensar en él simplemente como Ben Jones. Porque para quienes crecimos mirando televisión en los años ’80, él siempre tendrá otro nombre: Cooter Davenport, el mecánico de Hazzard County, el amigo de los Duke, el tipo que podía arreglar un auto, meterse en una persecución y aparecer con una sonrisa como si nada hubiera pasado. Y quizás ahí esté la verdadera dimensión de esta despedida.
Porque cuando muere alguien que formó parte de nuestra infancia o adolescencia, no desaparece solamente un actor. Se mueve algo dentro de nosotros. Se va una persona, pero también se aleja un pedacito de una época que ya no existe.
Ben Jones nació en 1941 en Tarboro, Carolina del Norte. Antes de convertirse en una cara conocida de la televisión estadounidense desarrolló una extensa carrera teatral y tuvo participaciones en cine y televisión. Entre sus primeros trabajos importantes estuvieron The Moonrunners, película de 1975 que sería uno de los antecedentes directos de The Dukes of Hazzard, y posteriormente películas como Smokey and the Bandit, junto a Burt Reynolds y Jerry Reed.
Pero sería Cooter quien terminaría cambiándole para siempre el lugar en la memoria popular. The Dukes of Hazzard comenzó en 1979 y se extendió hasta 1985. Durante siete temporadas, Ben Jones interpretó al mecánico de Hazzard County, propietario del taller que terminaría siendo una especie de refugio permanente para Bo y Luke Duke. Cooter no era exactamente un Duke, pero era algo muy parecido: un Duke honorario.
Al principio, el personaje era más salvaje, desprolijo y rebelde. Con el correr de la serie se transformó en ese amigo confiable que siempre estaba dispuesto a ayudar. Y esa transformación también explica buena parte del cariño que despertó.
Porque Cooter no era el héroe perfecto. Era el amigo, el tipo del taller, el que sabía cómo hacer arrancar el auto, el que conocía los caminos secundarios, el que podía abrir una puerta cuando todo parecía cerrado. Y eso, visto desde la distancia de cuatro décadas, tiene una fuerza enorme.
Una televisión que ya no existe
Hoy podemos mirar cualquier serie en cualquier momento. Podemos detenerla, adelantarla, volver atrás, buscar información sobre cada actor y descubrir en segundos qué ocurrió después. En los ’80 no, había que esperar. Esperar el día, el horario y que nadie llamara por teléfono mientras mirábamos televisión.
Y cuando llegaba Los Dukes de Hazzard, había algo que parecía mucho más grande que una simple serie de televisión. Estaba el General Lee saltando por los caminos de Hazzard County. Estaban Bo y Luke. Estaba Daisy. Estaban Rosco y Boss Hogg. Estaba Jesse Duke. Y estaba Cooter, con su taller como una extensión de esa familia improbable.
Para muchos chicos argentinos, aquella serie formó parte de una televisión que mezclaba aventuras, humor, autos, persecuciones y música country sin pedir demasiadas explicaciones. Era televisión para mirar, y también para recordar.
Tal vez por eso la muerte de Ben Jones nos toca de una manera extraña. Porque sabemos que estamos despidiendo a un hombre de 84 años, con una vida larguísima y mucho más compleja que aquel personaje. Pero también sabemos que, en algún rincón de nuestra memoria, Cooter sigue teniendo 40 años y el taller sigue abierto.
Mucho más que Cooter
La carrera de Jones no terminó cuando terminó The Dukes of Hazzard. Después de la serie, protagonizó uno de esos giros que parecen salidos de una ficción: se convirtió en político. En 1988 fue elegido representante demócrata por el cuarto distrito de Georgia y llegó al Congreso de los Estados Unidos. Fue reelegido en 1990 y permaneció allí hasta 1993. Más tarde se enfrentaría electoralmente a Newt Gingrich en 1994.
También volvió a actuar. Participó en películas como Primary Colors, Meet Joe Black y Joe Gould’s Secret, además de volver a interpretar a Cooter en las reuniones televisivas de The Dukes of Hazzard.
Pero hubo algo más. Ben Jones entendió que había algo que no podía dejar morir: el vínculo con el público que había acompañado a la serie.
Creó Cooter’s Place, espacios dedicados a conservar objetos, vehículos y recuerdos de The Dukes of Hazzard, y participó activamente en encuentros de fanáticos como DukesFest. Incluso desarrolló una actividad musical vinculada al universo de Cooter. En otras palabras: no se limitó a interpretar a Cooter sino que ayudó a mantenerlo vivo.
Una despedida casi demasiado perfecta
Hay un detalle de su muerte que parece escrito por un guionista nostálgico. Según contó su esposa, Alma Viator, Ben Jones murió tranquilamente en su casa, sentado en su sillón favorito, mientras esperaba ver un partido de los Atlanta Braves. Tenía 84 años. No hubo una última persecución. No hubo una escena dramática. No hubo un General Lee saltando por encima de una colina. Hubo un hombre en su casa, en su sillón, esperando béisbol.
Y quizás sea una manera profundamente humana de despedir a alguien que durante tantos años representó una determinada idea de amistad, aventura y pertenencia.
Tom Wopat, su compañero en The Dukes of Hazzard, lo recordó como un gran amigo y dijo sentir que habían perdido a un “primo Duke”. Es difícil encontrar una definición más precisa. Porque eso era Cooter. No el protagonista. No el jefe. No el héroe principal. Pero sí alguien que siempre estaba ahí.
Y entonces suena aquella música
Quizás lo más extraño de crecer sea descubrir que algunas cosas que parecían eternas empiezan a desaparecer: primero se van los actores, después los músicos, después los lugares, después las voces. Y un día descubrimos que también se fue la televisión que mirábamos cuando éramos chicos, pero no del todo.
Porque alcanza con escuchar unas notas, ver un viejo automóvil naranja saltando por un camino polvoriento o recordar aquella entrada con los créditos para volver, por unos minutos, a una época en la que todo parecía más sencillo.
Los ’80 fueron eso para muchos de nosotros. Una televisión compartida. Una tarde de verano. Una familia alrededor del aparato. Una serie que comenzaba y que había que mirar hasta el final porque no existía la posibilidad de guardarla para después.
Y ahí estaba Cooter con su gorra, su barba, su sonrisa y su taller. Ben Jones se fue. Cooter también.
Pero hay personajes que sobreviven a los actores que los interpretaron porque dejaron de pertenecerles, pasaron a pertenecer a quienes los miraron. Por eso hoy, cuando pensamos en Ben Jones, no hace falta imaginar una despedida demasiado solemne. Podemos imaginar Hazzard County, el taller, una radio sonando, el General Lee esperando afuera, y a Cooter levantando la cabeza cuando escucha que alguien llega.
Como si todavía estuviera diciendo:
“¿Qué le pasó al auto?”
Y entonces entendemos que quizás la nostalgia no sea querer volver al pasado. Quizás sea simplemente agradecerle por haber existido.

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