El mundo del jazz perdió este lunes a una de sus figuras más monumentales: Sonny Rollins falleció a los 95 años en su casa de Woodstock, Nueva York, según confirmó su publicista Terri Hinte. Con su muerte se apaga una de las últimas grandes voces vivas de la era dorada del bebop y del jazz moderno.
Dueño de un sonido inconfundible, robusto y profundamente expresivo, Rollins fue mucho más que un virtuoso del saxofón tenor: fue un revolucionario de la improvisación. Su capacidad para transformar una melodía sencilla en una exploración emocional y espiritual lo convirtió en una referencia absoluta para generaciones enteras de músicos. Durante más de siete décadas de carrera grabó más de 60 discos y dejó obras fundamentales como Saxophone Colossus, Tenor Madness, Freedom Suite y The Bridge.
Nacido en Harlem en 1930, hijo de inmigrantes de las Islas Vírgenes, Rollins creció en una Nueva York donde el jazz era una forma de supervivencia cultural y una declaración de libertad. Compartió escenarios y estudios con gigantes como Miles Davis, Thelonious Monk, John Coltrane y Charlie Parker, consolidándose rápidamente como uno de los grandes arquitectos del jazz contemporáneo.
Su historia también estuvo marcada por la búsqueda permanente. En uno de los episodios más célebres de la música del siglo XX, Rollins decidió retirarse temporalmente del circuito profesional a fines de los años cincuenta para practicar solo durante horas bajo el puente Williamsburg, en Nueva York. De aquella experiencia surgiría una nueva etapa artística y espiritual, reflejada años más tarde en el disco The Bridge.
Lejos de encerrarse en el purismo, Sonny Rollins expandió constantemente los límites del jazz. Incorporó ritmos caribeños, exploraciones libres y hasta colaboraciones con el rock, como su inolvidable participación en “Waiting on a Friend” de The Rolling Stones.
En sus últimos años se mantuvo alejado de los escenarios debido a problemas respiratorios y físicos que finalmente lo obligaron a retirarse en 2014. Sin embargo, jamás abandonó su reflexión sobre la música, la espiritualidad y la existencia. Para muchos, Rollins representaba algo más que un músico: era una conciencia artística viva, un símbolo de libertad creativa y dignidad cultural.
La noticia generó una inmediata conmoción entre músicos, críticos y aficionados de todo el mundo. En redes sociales, miles de seguidores lo despidieron como “el último gigante” y “una enciclopedia viviente del jazz”.
Con la muerte de Sonny Rollins desaparece una parte esencial de la historia musical del siglo XX. Pero su legado —feroz, elegante y profundamente humano— seguirá sonando en cada improvisación que busque romper los límites de lo posible.

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