La cultura popular argentina atraviesa una nueva jornada de duelo. La actriz, cantante y comediante María Rosa Fugazot falleció el domingo 7 de junio a los 83 años en su domicilio del barrio porteño de Palermo, poniendo fin a una trayectoria artística que se extendió por más de seis décadas y que la convirtió en una de las figuras más queridas del teatro, la televisión y la revista nacional. Según trascendió en las primeras informaciones, la actriz fue hallada sin vida en su departamento y las autoridades iniciaron las actuaciones correspondientes bajo la carátula de «muerte dudosa», una calificación judicial habitual cuando aún deben determinarse las circunstancias exactas del fallecimiento. El servicio de emergencias SAME constató su muerte durante la noche del domingo.
Una vida nacida entre bambalinas
Nacida en Vicente López el 20 de diciembre de 1942, Fugazot parecía destinada al escenario desde antes de dar sus primeros pasos. Era hija de la actriz y vedette María Esther Gamas y del músico y actor Roberto Fugazot, integrantes de una de las familias artísticas más reconocidas del siglo XX argentino. Su debut llegó cuando apenas tenía quince años. Desde entonces construyó una carrera tan extensa como versátil. Transitó la comedia, el drama, la revista, el musical y la televisión popular con una naturalidad que pocas intérpretes consiguieron. Su rostro quedó asociado a ciclos emblemáticos como Operación Ja-Já, donde compartió pantalla con varias de las grandes figuras del humor nacional. Más tarde participó de innumerables producciones teatrales y televisivas que la mantuvieron vigente durante generaciones. En teatro dejó huella en obras tan diversas como La casa de Bernarda Alba, donde asumió el desafío de interpretar a Bernarda tras la recordada labor de Norma Pons. También brilló en musicales, comedias y dramas que confirmaron una cualidad poco frecuente: la capacidad de reinventarse sin perder identidad.
El dolor que marcó sus últimos años
La noticia de su fallecimiento revive inevitablemente una de las heridas más profundas de su vida: la muerte de su hijo, el actor y director René Bertrand, ocurrida en junio de 2025. Aquella pérdida dejó a Fugazot sumida en un dolor que nunca ocultó públicamente. En distintas entrevistas habló de la dificultad de continuar adelante y del vacío que había dejado quien también había heredado la pasión familiar por los escenarios.
Apenas un año después de aquella tragedia personal, la actriz partió dejando una historia atravesada por el arte, la perseverancia y el afecto de colegas y espectadores.
Un legado que trasciende generaciones
Hablar de María Rosa Fugazot es hablar de una época del espectáculo argentino en la que convivían el humor popular, la revista porteña, el teatro de repertorio y la televisión abierta de grandes audiencias. Fue una artista capaz de atravesar todos esos mundos sin perder autenticidad.
Su nombre permanecerá ligado a una tradición artística que hoy parece irrepetible: la de los intérpretes formados en el oficio cotidiano, en los escenarios de temporada, en las giras interminables y en la cercanía permanente con el público.
Con su partida desaparece una figura emblemática de la cultura nacional, pero permanece una obra construida durante más de sesenta años de trabajo ininterrumpido. En tiempos donde la memoria cultural suele ser efímera, María Rosa Fugazot deja algo más duradero que la fama: deja una trayectoria que forma parte de la historia viva del espectáculo argentino.

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