La comunidad académica, feminista y de derechos humanos de Argentina se encuentra de duelo tras la muerte de Eva Giberti, psicóloga, psicoanalista, docente, escritora y referente en los estudios de género. Giberti falleció este domingo a los 96 años en la ciudad de Buenos Aires, dejando un legado incomparable de pensamiento crítico, compromiso social y transformación cultural.
Una voz que redefinió la escucha
Eva Giberti no fue solo una académica: fue una voz que se hizo herramienta para entender mejor la complejidad de los vínculos humanos. Desde sus primeros pasos como fundadora de la primera “Escuela para Padres” de Argentina, en 1957, hasta sus aportes en instituciones educativas y espacios públicos de reflexión social, Giberti promovió una mirada que desafiaba prácticas tradicionales y doctrinas autoritarias en torno a la infancia, la familia y la convivencia.
Su obra abundó en una característica poco común en los debates intelectuales: un profundo humanismo que hablaba con claridad de la vulnerabilidad, la violencia, la dignidad y la esperanza, sosteniendo que escuchar es, siempre, un acto político.
La batalla por los derechos y la memoria
Como psicoanalista, docente de la Universidad de Buenos Aires y protagonista de múltiples procesos sociales, Giberti acompañó el desarrollo de políticas públicas y transformaciones normativas en torno a la violencia familiar, los derechos de los niños, niñas y adolescentes, y la perspectiva de género. Participó en espacios de construcción institucional y civil, siendo consultora para organismos como UNICEF y figura clave en programas que continúan vigentes.
Más allá de su producción intelectual, su influencia fue también emocional y práctica: la certeza de que el abordaje de los conflictos humanos —desde la crianza hasta la violencia— requería no solo teoría sino empatía, diálogo y, sobre todo, escucha activa.
Un legado que sigue hablando
La vida de Eva Giberti puede leerse como una serie de encuentros: con estudiantes, con familias, con profesionales de diversas disciplinas y, sobre todo, con las vocaciones silenciosas que buscan comprender la complejidad de nuestra época. Su trabajo atravesó décadas, instituciones y disciplinas, siempre al servicio de una pregunta sencilla pero radical: ¿Cómo podemos escuchar mejor a quienes más necesitan que se les dé voz?
En un tiempo donde las palabras a menudo se agotan en polarizaciones profundas, la trayectoria de Giberti nos recuerda que la escucha —atenta, compasiva, desafiante— es una forma de arte y una forma de resistencia. Su pensamiento seguirá siendo un punto de referencia indispensable para nuevas generaciones que buscan hacer del vínculo y la justicia una práctica cotidiana.
Adiós con reconocimiento
Este domingo, mientras familiares, colegas y estudiantes lloran su partida, la sociedad entera reconoce la dimensión de una vida que, más que escritora o docente, fue constructora de diálogos y puentes entre saberes y experiencias humanas. Eva Giberti se va, pero su voz persiste en cada gesto atento, cada palabra que busca comprender y cada escucha que hace posible un mundo más humano.

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