El mundo de la música despide a John Hammond Jr., uno de los nombres imprescindibles para entender la vigencia del blues en la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Dueño de una voz áspera, una guitarra filosa y una convicción artística inquebrantable, Hammond fue un puente entre los grandes maestros del Delta y las nuevas generaciones que encontraron en el blues una forma de resistencia cultural.
Nacido en Nueva York en 1942, hijo del legendario productor John H. Hammond, el joven Hammond eligió un camino propio: en lugar de abrazar los despachos ejecutivos de la industria, se sumergió en los clubes y en la tradición más cruda del blues rural. Admirador de figuras como Robert Johnson, Muddy Waters y Howlin’ Wolf, supo honrar esa herencia sin caer en la mera imitación.
Su discografía, extensa y coherente, incluye trabajos celebrados como el álbum Southern Fried, y colaboraciones memorables, entre ellas su participación en The Last Waltz junto a The Band. A lo largo de su carrera recibió múltiples reconocimientos, incluyendo un premio Grammy, consolidando una trayectoria que siempre priorizó la autenticidad sobre las modas.
En tiempos donde el blues parecía quedar relegado frente a otros géneros, Hammond lo sostuvo desde los escenarios con una ética casi militante: tocar, viajar, grabar y mantener viva una tradición que nació del dolor pero también de la dignidad.
Su muerte marca el final de una era, pero también deja un legado imborrable. Porque más que un intérprete, John Hammond Jr. fue un custodio del espíritu del blues: esa música que, incluso en sus notas más oscuras, sigue diciendo verdades profundas.
Desde Delta 80 despedimos a un artista fundamental, cuya obra seguirá sonando como testimonio de una pasión sin concesiones.

Facebook
Twitter
Instagram
YouTube
RSS