(Brian Heason HBM Promotions/Music Plugger) «Bittersweet Coming of Age» es el nuevo EP de Ten Eighty Trees y marca el regreso de la banda al formato extendido después de tres años. El lanzamiento reúne sus cuatro últimos singles de alt-rock en una obra que funciona como algo más que una colección de canciones: es una declaración de principios, una síntesis de influencias y, sobre todo, el retrato de una banda que parece haber encontrado su propia identidad.
Ten Eighty Trees no intenta esconder sus referencias. Por el contrario, las exhibe con orgullo y las convierte en materia prima para construir un sonido propio. Rock alternativo, grunge, hard rock, punk, emo y nu metal conviven en un EP atravesado por riffs contundentes, arreglos dinámicos, melodías de fuerte impronta pop y estribillos concebidos para ser cantados a los gritos.
El tema que da nombre al trabajo, “Bittersweet Coming of Age”, se mete de lleno con una cuestión universal: la búsqueda del éxito y de la felicidad. Pero la canción plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando finalmente alcanzamos aquello que perseguimos durante años y descubrimos que el destino quizás no era tan importante como el recorrido? Allí aparece una idea central del EP: crecer también significa revisar las expectativas que alguna vez tuvimos sobre nosotros mismos.
En “Don’t Quit”, la banda muestra su costado más agresivo. El tema combina riffs de clara raíz zeppeliana con una letra que apunta contra quienes responsabilizan al mundo entero por sus propias frustraciones y limitaciones. Hay bronca, pero también una mirada crítica sobre la tendencia a convertir las circunstancias en una excusa permanente.
“The Family Secret” profundiza todavía más esa oscuridad. Con una energía cercana al garage rock y una actitud casi incendiaria, la canción aborda el trauma generacional y aquello que las familias callan, transmitiendo heridas de una generación a otra. Es uno de los momentos donde Ten Eighty Trees demuestra que detrás de sus grandes melodías existe también una voluntad de incomodar y poner algunas cuestiones sobre la mesa.
El cierre llega con “Broken (goodbye)”, probablemente el momento emocionalmente más poderoso del EP. La canción construye un final expansivo y melancólico que puede recordar, por su clima, a la monumental tristeza de «Siamese Dream» de Smashing Pumpkins. Pero lejos de quedarse atrapada en el dolor, la composición propone otra mirada sobre la pérdida y el cambio: perdonar, aceptar y agradecer también pueden ser formas de sanar.
Y allí aparece una de las virtudes más interesantes de “Bittersweet Coming of Age”. El EP habla de fracturas emocionales, frustraciones, secretos familiares y pérdidas, pero no parece interesado en convertirlas en una celebración del sufrimiento. Hay una búsqueda de transformación. Lo que se rompe puede dejar algo detrás, y aprender a valorar ese resto también forma parte del crecimiento.
Musicalmente, Ten Eighty Trees funciona como una banda que conoce la historia del rock que la precede pero que no quiere convertirse en una simple banda de tributo a sus influencias. Se puede escuchar el eco de distintas décadas y escenas, pero todo está filtrado por una sensibilidad contemporánea. El resultado tiene algo deliberadamente nostálgico y, al mismo tiempo, urgente.
En tiempos donde muchas producciones parecen diseñadas para desaparecer rápidamente, Ten Eighty Trees reivindica el valor de una buena canción de rock: una melodía reconocible, un riff que golpea, un estribillo que queda dando vueltas y una emoción que consiga atravesar los parlantes.
“Bittersweet Coming of Age” es, en definitiva, un EP sobre crecer. Sobre descubrir que algunas metas no eran exactamente como las imaginábamos, que ciertas heridas necesitan ser enfrentadas y que despedirse también puede ser una manera de avanzar.
Los Ten Eighty Trees han crecido. Y, por lo que muestra este trabajo, el resultado tiene bastante más de dulce que de amargo.

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