La primera edición de Rancheo Literario reunió en San Telmo a cerca de cincuenta personas para compartir una experiencia construida alrededor de la obra de José Sbarra. Pero la noche tuvo una figura central: Nina León, escritora, poeta y performer, cuya propia trayectoria parece dialogar de manera natural con la idea de convertir la literatura en una experiencia viva.
Hay propuestas culturales que se anuncian como una lectura, un recital o una presentación. Y hay otras que intentan ir un poco más allá: transformar un texto en un territorio común, hacer que la literatura abandone por un rato la soledad de la página y se convierta en voz, música, imagen, cuerpo y encuentro.
Eso fue lo que ocurrió ayer por la noche en Lotus, el particular espacio ubicado en Defensa casi San Juan, en San Telmo. Una peluquería que, por una noche, abrió sus puertas para convertirse en escenario de la primera edición de Rancheo Literario.
La obra elegida para inaugurar el ciclo fue «Obsesión de vivir», de José Sbarra, uno de esos autores argentinos cuya escritura transitó deliberadamente los márgenes, combinando poesía, dramaturgia y performance. Su obra estuvo atravesada por una sensibilidad inquieta, una defensa radical de la libertad y una manera muy particular de entender la literatura como experiencia vital. Y allí, en el centro de la experiencia, estuvo Nina León.
Una artista nacida de la palabra
Nina León es el nombre artístico de Natalia Canteros, nacida en Formosa y radicada posteriormente en Buenos Aires. Su recorrido reúne experiencias que, a primera vista, podrían parecer distantes entre sí: estudió periodismo deportivo, trabajó en medios —incluido el diario Olé—, pasó por distintos empleos y desarrolló luego una intensa actividad como escritora, trabajadora sexual y militante de AMMAR. Pero su identidad artística nació precisamente a partir de la escritura.
Nina León surgió como una voz capaz de llevar a la literatura territorios que durante mucho tiempo fueron considerados incómodos o marginales: el deseo, el erotismo, el cuerpo, el miedo, el placer y la propia experiencia personal. La escritura fue, para ella, una herramienta de exploración y también de construcción de una identidad pública.
Su primer libro, «Puta Poeta», condensó buena parte de ese universo. No se trataba simplemente de publicar poemas: el proyecto comenzó a expandirse hacia lecturas, música, performances e intervenciones artísticas. La palabra escrita encontró así otros soportes y otras formas de circulación.
De la página al acontecimiento
Quizás esa sea una de las claves para comprender por qué Nina León encajó de manera tan natural en Rancheo Literario. Su trabajo artístico viene desarrollando desde hace años una idea clara: la poesía no tiene por qué quedarse quieta dentro de un libro.
En sus propuestas, la escritura puede transformarse en voz, en escena y en experiencia colectiva. Esa concepción permite establecer un puente directo con la obra de José Sbarra, un autor que también transitó la literatura desde múltiples formas y que entendió la escritura como una práctica inseparable de la vida.
Por eso, la lectura completa de «Obsesión de vivir» no funcionó como una simple sucesión de páginas leídas ante un auditorio, la intención era otra: crear una atmósfera, compartir un tiempo y escuchar de verdad.
Cincuenta personas y una intimidad buscada
Lotus recibió a cerca de cincuenta personas, en una convocatoria deliberadamente limitada para preservar la intimidad de la experiencia. No había intención de llenar el lugar hasta el límite, sino de generar las condiciones necesarias para que la palabra pudiera circular con cercanía.
Antes y durante la velada, el espacio fue construyendo su propio pequeño universo. Anna Rockena participó con un stand de libros y sus artesanías literarias, además de una imagen preparada para ser estampada por quienes quisieran llevarse un recuerdo de la noche. Libros, objetos, telas y palabras convivieron en esa previa que ya anticipaba que lo que estaba por suceder no sería una actividad literaria convencional.

La propuesta sumó además la participación de Pipi, la hermana de José Sbarra quien abrió la velada leyendo un texto propio vinculado a su hermano, Nina León arrancó con la lectura de «Obsesión de vivir», Carolina Coronel y Momo, protagonistas del segundo momento, la dimensión musical estuvo a cargo de Charly Gulotta (handpan y guitarra), mientras que Mussa Inspiradora aportó visuales analógicas que ampliaron todavía más el universo sensorial del encuentro. Cada elemento encontró su lugar alrededor de la literatura. O, quizás, habría que decirlo de otra manera: la literatura encontró nuevos lugares donde existir.
La elección de José Sbarra
La elección de «Obsesión de vivir» tampoco parece casual. José Sbarra fue un escritor difícil de encerrar en una sola categoría. Poeta, dramaturgo, autor de textos infantiles y protagonista de distintas experiencias culturales, construyó una obra marcada por la sensibilidad, el cuestionamiento y una permanente defensa de la libertad. Su figura continúa siendo recuperada por nuevas generaciones y proyectos editoriales dedicados a mantener viva su producción.
Hay algo en su escritura que parece resistirse al paso del tiempo: la necesidad de seguir preguntándose por la vida, por el amor, por la soledad y por la posibilidad de encontrar, aun en medio de la incertidumbre, una forma de estar en el mundo. Ese espíritu encontró el domingo una nueva manera de ser leído, no solamente con los ojos, también con los oídos, y con la presencia.
Nina León, en el centro de una experiencia
La gran protagonista de la noche fue Nina León, pero quizás su presencia no deba entenderse en los términos tradicionales de una figura que ocupa un escenario mientras el resto observa. Su trayectoria artística viene cuestionando justamente esa separación. Entre quien escribe y quien escucha, entre el cuerpo y la palabra, entre la experiencia privada y la experiencia compartida. Entre la literatura y la vida.
En ese sentido, Rancheo Literario, Edición N.º 1, pareció encontrar en ella una artista capaz de llevar adelante una propuesta coherente con su propio recorrido: una noche donde la lectura no fue solamente lectura y donde la poesía —o, en este caso, la prosa poética y existencial de Sbarra— volvió a ser algo que sucede entre personas.
San Telmo, con sus calles históricas y sus espacios capaces de transformarse, fue el escenario ideal. Y Lotus, peluquería y espacio cultural, por una noche se convirtió en refugio para una pequeña comunidad reunida alrededor de una idea tan sencilla como poderosa: todavía es posible detenerse, escuchar y dejar que la literatura nos ocurra.
La primera edición de Rancheo Literario terminó, pero dejó abierta la puerta para las que vendrán. Porque si algo quedó claro en esta noche de San Telmo es que la literatura sigue teniendo una vida que excede los libros. Y Nina León sabe, precisamente, cómo llevarla al encuentro con los demás.


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