La música argentina está de luto. José Luis “Pucho” Ponce, histórico bajista de Los Tekis, murió este miércoles 19 de agosto a los 68 años. Su partida provoca una profunda conmoción entre sus compañeros, colegas y seguidores, después de más de tres décadas de una trayectoria estrechamente ligada a una de las bandas fundamentales de la música popular del norte argentino.
Ponce había nacido el 29 de diciembre de 1957 en Villa María, Córdoba. Su camino musical comenzó temprano: aunque inicialmente se sentía atraído por la batería, a los 16 años un bajo prestado terminó definiendo su destino. Tocó en orquestas de baile, formó grupos de rock y, tras radicarse en Córdoba capital, desarrolló una carrera que finalmente lo llevaría a cruzarse con Los Tekis.
Ese encuentro se produjo en 1995. Lo que en principio iba a ser una participación para una serie de presentaciones terminó convirtiéndose en una pertenencia definitiva. Desde entonces, Pucho fue una pieza fundamental en la construcción sonora de Los Tekis, aportando desde el bajo una base sólida a una propuesta que supo llevar la música andina, el folklore y el espíritu del carnaval a escenarios de todo el país.
Pero su recorrido también tuvo una particular conexión con el rock. En 2012, Los Tekis sorprendieron con Rock & Tekis, un álbum en el que el grupo reinterpretó clásicos del rock argentino sin abandonar su identidad. Allí convivieron canciones como “Arde la ciudad”, “Canción para mi muerte”, “La vida es una moneda”, “Marcha de la bronca”, “Seguir viviendo sin tu amor” y “Pupilas lejanas”, entre otras. Para Pucho, la experiencia respondía a una idea simple pero poderosa: la música podía cruzar géneros sin perder identidad.
La noticia de su muerte fue confirmada por Los Tekis, que lo despidieron con un mensaje cargado de afecto, recordándolo como un amigo, un hermano y un compañero de música y de vida. También colegas, amigos e instituciones vinculadas a la cultura y al deporte expresaron públicamente su dolor por la partida de un músico muy querido.
Pucho Ponce fue mucho más que el bajista de una banda exitosa. Durante más de treinta años fue parte de una historia musical que convirtió el sonido del norte argentino en una celebración colectiva, capaz de atravesar generaciones, géneros y geografías.
Su bajo ya no sonará en el próximo escenario, pero seguirá presente en cada canción, en cada carnaval y en esa historia que ayudó a construir junto a Los Tekis.
Hasta el otro carnaval, Pucho.

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